Candelaria: una trayectoria en defensa de los derechos de las mujeres
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Una vida marcada por la búsqueda del conocimiento
En los años en que a las niñas no se les incentivaba a estudiar, Candelaria ya tenía claro que quería aprender. Cuando su hermano terminó los estudios, le regalaron una bicicleta. A ella, en cambio, al finalizar el bachillerato, no le interesó una bicicleta. “No me regalen nada”, dijo. “Quiero aprender mecanografía”. A pesar de las restricciones familiares —“no la dejaban estudiar”—, encontró la manera de insistir y de abrirse paso. Esta voluntad de formarse marcaría su vida, pero también el contexto adverso en el que muchas mujeres veían limitado su acceso a la educación.
El exilio como oportunidad de crecimiento
El exilio en México supuso para Candelaria una transformación profunda. Allí estudió en la UNAM mientras criaba a sus hijos, algo que difícilmente habría podido hacer en El Salvador en aquel momento. Fue una etapa en la que se involucró en el compromiso social y político, y donde conoció a muchas feministas que le ofrecieron nuevas perspectivas. “Todo lo tuve que aprender sola”, recordó. Esa frase resume bien las dificultades de una época en la que las mujeres tenían que abrirse camino sin redes, sin referentes cercanos y, a menudo, sin apoyo.
Academia y acción feminista
Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por la articulación entre el conocimiento y la práctica feminista. La universidad fue para ella un espacio de afirmación política y social. Ha sido profesora, investigadora y ha contribuido a la formación de nuevas generaciones. Prefiere hablar de derechos de las mujeres antes que de emancipación, y ha dedicado décadas a construir pensamiento propio desde la experiencia.
Ha promovido espacios de formación, ha participado en informes alternativos para mecanismos internacionales de derechos humanos, y ha impulsado propuestas desde el activismo popular en diálogo con espacios académicos. Para ella, no hay separación entre la vida intelectual y la acción colectiva: su aporte ha sido la coherencia entre pensamiento y práctica, y su capacidad para tejer puentes entre el activismo y la academia.
Una memoria activa de Beijing 1995
Durante la conversación, Candelaria compartió también su experiencia en los procesos que llevaron a la Conferencia de Beijing en 1995. Desde la mesa de estudios de género que impulsó en el marco de un proyecto con UNICEF, generó un espacio donde organizaciones de mujeres se reunían para intercambiar ideas y hacer propuestas. Ella misma recuerda con emoción ese proceso colectivo: “Participé en la mesa de Mujeres Rurales, porque yo estaba trabajando con mujeres rurales. Y era como mi tema. ¿Y cómo lo hicisteis? Con plenitud”. Su primer trabajo como consultora había sido una investigación sobre el acceso de las mujeres a la tierra, un tema aún pendiente.
Compromiso con las nuevas generaciones
Candelaria no idealiza el pasado. Habla con franqueza sobre los desafíos actuales del feminismo, la fragmentación, el desgaste, pero también sobre la esperanza. Destaca el interés de muchas jóvenes por comprender estos procesos: “Tal vez no esté muy organizado ni muy cohesionado, pero hay muchos brotes de las jóvenes, queriendo saber del tema, interesándose en el tema”.
Ese interés se refleja también en el ámbito académico. Recibió un mensaje de una plataforma en línea que le notificaba que sus textos habían sido citados más de dos mil veces. Con humor, dijo: “Yo no sé si es verdad o es mentira, pero me da risa porque no soy muy crédula”. Más allá de la anécdota, destaca que “hay interés en la maestría”, en referencia al programa de estudios sobre mujeres al que ha contribuido desde el equipo asesor. “Tanto que costó poner la maestría en el país, y ahora, 30 años después, la tenemos”.
Un reconocimiento a su trayectoria
En 2025, Candelaria Navas recibió el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, otorgado por CLACSO. El galardón reconoce su aporte a la justicia social, los derechos humanos y la memoria del movimiento de mujeres. Al recibirlo, expresó: “Un gran honor, un gran mérito que lo asumo con humildad, con responsabilidad y con los pies en la tierra”. Esa responsabilidad, explicó, consiste en “seguir haciendo honor a las razones por las que me lo han dado, que es sobre el derecho de las mujeres… sabiendo que lo que producimos aquí no es teoría feminista”.