Treinta años después: las voces que abrieron camino en Beijing

Reflexiones de las salvadoreñas que participaron en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer

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En septiembre de 1995, un grupo de mujeres salvadoreñas viajó a Beijing para formar parte de un momento histórico: la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer. Treinta años después, algunas de ellas se reencontraron en un conversatorio impulsado por ONU Mujeres El Salvador, no para hablar de pasado, sino para reafirmar que la lucha continúa.

Treinta años después de la histórica Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, el conversatorio se convirtió en un ejercicio profundo de memoria colectiva, una oportunidad para hacer balance y, sobre todo, para transmitir aprendizajes a las nuevas generaciones de defensoras de derechos.

Una memoria que resiste

Beijing fue un punto de inflexión. Las participantes recordaron cómo, por primera vez, se sentaron a dialogar como iguales con mujeres de todo el mundo, en una época en que hablar de los derechos de las mujeres en El Salvador era aún un acto valiente. “En Beijing nos dimos cuenta de que no estábamos solas, que nuestra lucha era parte de algo mucho más grande”, compartió una de las participantes. A pesar de los obstáculos que enfrentaron para llegar, la experiencia dejó una huella indeleble en sus trayectorias personales y colectivas.

El legado de Beijing en El Salvador

De ese encuentro surgió un compromiso renovado con la transformación social. Muchas de las mujeres que asistieron a la conferencia regresaron al país decididas a impulsar leyes, políticas públicas y espacios de participación. Beijing se convirtió en una hoja de ruta. La Declaración y Plataforma de Acción fueron traducidas, debatidas, y convertidas en herramienta de incidencia. “Nosotras regresamos con Beijing bajo el brazo. Lo trabajamos en organizaciones, en asambleas, lo llevamos al territorio”, recordó una de las asistentes.

El legado de ese proceso sigue siendo visible en la institucionalidad que hoy existe en El Salvador en materia de derechos de las mujeres. La creación de instancias especializadas, los avances en la legislación y el reconocimiento del derecho a una vida libre de violencia son, en parte, frutos de esa semilla plantada hace tres décadas.

Aprendizajes que trascienden generaciones

El conversatorio también fue un espacio para reflexionar sobre los desafíos actuales. Las participantes coincidieron en que, si bien hay logros que celebrar, también hay retrocesos que preocupan. La despolitización de los espacios, la fragmentación de los movimientos sociales y la persistencia de la violencia estructural son retos que interpelan.

Uno de los aprendizajes más fuertes que dejaron las voces reunidas fue la importancia de la memoria como herramienta política. Recordar Beijing no es un ejercicio nostálgico, sino una forma de afirmar que los derechos conquistados no son concesiones, sino producto de luchas concretas. “Hay que contar lo que hicimos, cómo lo hicimos, para que las jóvenes que vienen detrás entiendan que tienen una historia”, dijo una de las participantes.

Un llamado al presente

A lo largo del diálogo, surgió una invitación clara: retomar la Plataforma de Acción de Beijing como brújula. Frente a los nuevos contextos, recuperar el espíritu transformador de ese documento es urgente. No basta con conmemorar, hay que accionar. Y para ello, la experiencia acumulada por estas mujeres es una fuente invaluable de orientación.

Este artículo forma parte de la serie “Salvadoreñas que abrieron camino”, un espacio dedicado a visibilizar el testimonio de quienes han sido protagonistas de hitos históricos en la lucha por la igualdad en El Salvador.

Reflexión recogida en el conversatorio con mujeres salvadoreñas que
protagonizaron la Conferencia de Beijing 1995, octubre, 2024.