El edificio de Naciones Unidas se ilumina de morado en el marco del 8 de marzo

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Iluminación NU-8M_18

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, el edificio de Naciones Unidas en El Salvador se iluminó de morado este 8 de marzo por iniciativa del Grupo de Embajadoras acreditadas en El Salvador, junto con el Sistema de Naciones Unidas. La acción buscó visibilizar un compromiso compartido con los derechos de las mujeres y las niñas y sumar una señal pública de respaldo a los esfuerzos orientados a ampliar oportunidades, fortalecer respuestas institucionales y promover una vida libre de violencia.

La actividad reunió a representantes del Grupo de Embajadoras y del Sistema de Naciones Unidas. Durante el acto, la embajadora de Uruguay, como representante del Grupo de Embajadoras -entre las que se encuentran las representantes de Belice, Canadá, Costa Rica, Chile, Ecuador, España, Francia, Palestina, Turquía y Uruguay- enmarcó la fecha como una jornada de conmemoración, reconocimiento y reflexión, y subrayó la necesidad de seguir sumando esfuerzos desde la comunidad internacional para avanzar en igualdad y derechos.

El programa incluyó palabras de una representante del Grupo de Embajadoras, así como intervenciones de ONU Mujeres y UNFPA en representación del equipo de país de Naciones Unidas, antes del encendido de la iluminación morada del edificio. En conjunto, la actividad proyectó un mensaje de responsabilidad compartida frente a los desafíos que aún persisten para que los derechos de las mujeres y las niñas se traduzcan en realidades cotidianas. Asimismo, agradeció la articulación que hizo posible que otros edificios emblemáticos de San Salvador se sumaran a esta acción simbólica. Entre los edificios que también se sumaron a esta conmemoración estuvo el Palacio Tecleño, que la Alcaldía de La Libertad Sur reportó iluminado de violeta en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. 

A partir de ahí, las intervenciones del Sistema de Naciones Unidas insistieron en una idea común: que esta conmemoración no remite solo a principios o compromisos formales, sino a la necesidad de que esos derechos se expresen en la vida diaria, a través de instituciones que respondan, oportunidades reales y condiciones más seguras para mujeres y niñas.