UTLA y ONU Mujeres impulsan reflexión estudiantil sobre entornos universitarios seguros en el marco del 8M

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La Universidad Técnica Latinoamericana (UTLA), con la participación de ONU Mujeres El Salvador, desarrolló el taller vivencial “Juventudes que Transforman: Experiencias por Entornos Universitarios Seguros”, una jornada orientada a promover la participación activa de la comunidad estudiantil en la construcción de espacios universitarios más seguros, respetuosos e inclusivos. La actividad se realizó el 10 de marzo en el Salón de Usos Múltiples del Edificio E de la universidad y reunió a estudiantes, personal docente y autoridades universitarias.

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El encuentro se enmarcó en las actividades conmemorativas del Día Internacional de las Mujeres y fue concebido como una experiencia participativa que buscó ir más allá de una sensibilización tradicional. La propuesta metodológica apostó por combinar herramientas audiovisuales, escénicas, pedagógicas y lúdicas para fortalecer capacidades de identificación, reflexión y acción frente a prácticas que afectan la convivencia en los espacios educativos. 

Una jornada para reconocer, identificar, comprender y crear

La agenda del evento se estructuró en cuatro momentos: reconocer, identificar, comprender y crear. El primero incluyó la proyección de un audiovisual sobre referentes de acciones positivas; el segundo, una experiencia escénica inmersiva titulada “No es para tanto”; el tercero, una ponencia de la representante de ONU Mujeres en El Salvador sobre acciones cotidianas para una vida universitaria libre de violencias; y el cuarto, una dinámica colectiva de resignificación de conceptos vinculados con igualdad, convivencia y corresponsabilidad. 

De acuerdo con la nota conceptual del evento, la iniciativa partió del reconocimiento de que las transformaciones duraderas no se producen únicamente desde el conocimiento teórico, sino también desde la adopción de prácticas concretas, conscientes y sostenidas en el tiempo. Por ello, la jornada fue diseñada para favorecer la participación estudiantil y reforzar el compromiso cotidiano con relaciones basadas en el respeto y el cuidado colectivo.

La universidad como espacio de convivencia y responsabilidad compartida

Durante la apertura, autoridades universitarias subrayaron que la formación superior no solo transmite conocimientos, sino que también moldea formas de convivencia y ciudadanía. En esa línea, destacaron la importancia de que la universidad contribuya a formar personas capaces de trasladar esos valores a la sociedad y de asumir un papel activo en la construcción de relaciones más respetuosas e igualitarias. 

En su saludo inicial, ONU Mujeres situó la actividad en el contexto de la conmemoración internacional del 8 de marzo y señaló que los derechos solo cambian la vida de las personas cuando se vuelven experiencias reales, cercanas y cotidianas. También se destacó que, a escala global, las mujeres cuentan con solo el 64 % de los derechos legales reconocidos a los hombres, una referencia utilizada para mostrar que la desigualdad no es un problema abstracto ni lejano, sino una realidad que también puede reproducirse en los entornos universitarios.

Poner nombre a lo que muchas veces se normaliza

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la experiencia escénica “No es para tanto”, pensada para visibilizar conductas que con frecuencia se minimizan o se asumen como normales dentro de la vida cotidiana. A partir de la dramatización y del diálogo posterior, se abordaron expresiones de violencia simbólica, psicológica, sexual y facilitada por la tecnología, así como dinámicas de invalidación, intimidación y presión que afectan especialmente a las mujeres. 

Durante la ponencia principal, la representante de ONU Mujeres explicó que construir entornos seguros no empieza únicamente cuando ocurre una agresión o cuando se activa una denuncia, sino antes: cuando una comunidad aprende a reconocer aquello que durante demasiado tiempo se ha considerado normal. También recordó que, según ONU Mujeres, casi una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual al menos una vez en su vida, y planteó que los campus universitarios no están aislados de las desigualdades, abusos de poder e intimidaciones presentes en la sociedad.

La intervención hizo énfasis en que una respuesta universitaria eficaz no puede limitarse a actuaciones aisladas o reactivas. Se señaló la necesidad de avanzar hacia respuestas institucionales más integrales, con liderazgo visible de las autoridades, rutas claras de atención, formación continua y mecanismos de coordinación que eviten respuestas fragmentadas o revictimizantes. 

Del diálogo a las acciones cotidianas

A lo largo del intercambio con el estudiantado, se insistió en que la prevención también se construye en lo cotidiano: en la manera en que se escucha a una compañera, en la forma en que se responde ante un comentario humillante, en la decisión de no minimizar una situación incómoda o en la capacidad de acompañar y orientar a quien necesita apoyo. El diálogo permitió además aterrizar conceptos como integralidad, equidad, transversalidad y erradicación de la violencia a situaciones concretas de la vida universitaria.

En varios momentos se destacó que la construcción de entornos seguros requiere una responsabilidad compartida entre autoridades, personal universitario y comunidad estudiantil. La jornada también permitió identificar posibles acciones prácticas relacionadas con acompañamiento entre estudiantes, atención a riesgos en trayectos, corresponsabilidad en la prevención y rechazo a formas de discriminación normalizadas en aulas, pasillos y espacios digitales. 

Un espacio para seguir fortaleciendo capacidades

El cierre del evento retomó una idea central de toda la jornada: que las transformaciones sociales también se construyen desde decisiones pequeñas, repetidas y sostenidas en el tiempo. En ese sentido, la actividad fue valorada como una oportunidad para seguir fortaleciendo capacidades dentro de la comunidad universitaria y para promover una cultura institucional que reconozca, nombre y transforme prácticas que afectan la convivencia y el bienestar. 

Con iniciativas como esta, UTLA y ONU Mujeres reafirman la importancia de trabajar con juventudes desde enfoques participativos y orientados a la acción, reconociendo que las universidades son espacios clave para impulsar cambios culturales y fortalecer relaciones basadas en el respeto, la dignidad y la corresponsabilidad.