Autonomía económica y cuidados: oportunidades, tiempo y futuro

¿Qué condiciones necesitan las mujeres para sostener sus proyectos de vida y aportar plenamente al desarrollo del país?

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En el marco del aniversario de ONU Mujeres, esta serie de artículos busca recoger aprendizajes y trazar el hilo conductor de la experiencia de la oficina en El Salvador durante estos años. En el ámbito de la autonomía económica, una de las principales lecciones es que las oportunidades para las mujeres no dependen solo del esfuerzo individual ni de acciones aisladas. Dependen también de las condiciones que permiten que ese esfuerzo se sostenga.

El acompañamiento técnico al país ha permitido comprender mejor qué hay alrededor de las iniciativas económicas de las mujeres: acceso a servicios financieros, crédito, mercados, tecnología, redes de apoyo, formación, tiempo disponible e instituciones capaces de abrir mejores condiciones. La autonomía económica se construye cuando esos elementos se articulan y permiten que las mujeres puedan producir, emprender, fortalecer sus negocios, participar en redes y tomar decisiones sobre sus proyectos de vida.

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La experiencia de la oficina en autonomía económica

El trabajo de ONU Mujeres en autonomía económica ha seguido un recorrido acumulativo. Desde 2014, el programa BEO, junto al FIDA, permitió fortalecer el trabajo con mujeres rurales emprendedoras, liderazgo, acceso a recursos y desarrollo de capacidades. Luego, FOMUJER, en asocio con la Secretaría de Inclusión Social y Bandesal, y con financiamiento de la AICS, mostró el valor de combinar crédito, garantía, asistencia técnica y servicios para mujeres excluidas del sistema financiero. Sobre esos aprendizajes se construyó MELYT, lanzado en 2018 en la región del Trifinio, que durante sus dos etapas ha articulado inclusión financiera, servicios empresariales, cadenas de valor, alianzas y gestión del conocimiento.

De los territorios al sistema financiero

A partir de ese aprendizaje, el programa Mujeres, Economía Local y Territorios, MELYT, ha permitido trabajar con una lógica territorial: fortalecer capacidades productivas, financieras y digitales; conectar cadenas de valor como café, turismo y hortalizas; apoyar redes y liderazgos locales; y promover alianzas entre instituciones públicas, gobiernos locales, cooperación, sector privado y organizaciones territoriales.

Con el respaldo de Italia, a través de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo, MELYT ha mostrado el valor de las alianzas sostenidas para acompañar procesos que nacen en los territorios y se conectan con agendas nacionales.

Ese aprendizaje también ha llevado la conversación hacia el sistema financiero. Si las mujeres enfrentan más barreras para acceder a cuentas, crédito, pensiones o servicios digitales, la inclusión financiera requiere incorporar esas realidades en el diseño de productos, servicios, políticas y mecanismos de atención. El Programa Ecosistema Financiero Inclusivo en el Triángulo Norte, EFI, con apoyo del Gran Ducado de Luxemburgo, ha contribuido a trabajar con instituciones del ecosistema financiero para avanzar hacia servicios más pertinentes y accesibles para las mujeres.

El tiempo también cuenta

La autonomía económica ha abierto otra conversación clave: los cuidados. La experiencia ha mostrado que la pobreza de tiempo es una de las grandes dificultades que enfrentan muchas mujeres para estudiar, trabajar, producir, emprender, participar en redes y fortalecer su aporte al desarrollo económico del país.

Por eso, acompañar la agenda de cuidados forma parte de las condiciones que hacen posible la autonomía económica. Cuando las responsabilidades de cuidado recaen de manera desigual, las oportunidades existen en el papel, pero no siempre pueden aprovecharse en la vida cotidiana.

Alianzas que abren caminos

Otro aprendizaje central es que la igualdad económica requiere sumar capacidades distintas. El trabajo con instituciones como ISDEMU, el Banco Central de Reserva, el Consejo Nacional de Educación e Inclusión Financiera, CONAMYPE, el Banco de Fomento Agropecuario, gobiernos locales, el Banco Centroamericano de Integración Económica, Plan Trifinio, CENPROMYPE, FUSAI, Fundación Calleja, Red HOSAGUA y otros aliados ha mostrado que los avances se sostienen mejor cuando las instituciones públicas, la cooperación, el sector financiero, el sector privado, los gobiernos locales y las organizaciones territoriales trabajan con una visión compartida.

La contribución de ONU Mujeres se expresa, en buena medida, en ese valor añadido: articular conocimiento, instituciones y actores diversos para que las políticas, los servicios y las oportunidades respondan mejor a la realidad de las mujeres.

Una apuesta por El Salvador

Invertir en igualdad económica es una apuesta por el país. Es apostar por mujeres con más herramientas para decidir, por territorios con más oportunidades, por instituciones que responden mejor y por una economía que reconoce que el tiempo, los cuidados, el financiamiento y las redes también cuentan.

La autonomía económica no se construye con una sola acción. Se construye cuando una mujer encuentra condiciones para producir, aprender, organizarse, acceder a servicios, atender las responsabilidades de cuidado de manera más corresponsable y participar en las oportunidades de su territorio.

Por eso, cuando la igualdad abre caminos en la economía, también abre caminos en la vida cotidiana.