Mujeres agricultoras, suelos vivos y territorios resilientes

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Con ocasión del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, ONU Mujeres en El Salvador pone en valor el papel de las mujeres rurales en la transformación de los sistemas agroalimentarios, la protección de los suelos, la sostenibilidad de los territorios y la dinamización de las economías locales.

En América Latina y el Caribe, las mujeres representan el 36% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios, aunque siguen enfrentando brechas en el acceso a tierra, agua, financiamiento, tecnología, asistencia técnica, mercados y espacios de decisión. [1] En El Salvador, estas brechas se cruzan con desigualdades persistentes en la participación económica, el acceso a ingresos propios, la distribución del trabajo de cuidados y las oportunidades para desarrollar medios de vida sostenibles en los territorios rurales.
 

  1. ^

      Acosta, M. 2025. La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios: Un enfoque regional para América Latina y el Caribe. Santiago, FAO.

 

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Esta invisibilización convive con otras brechas estructurales: las mujeres rurales dedican el 64,3% del tiempo destinado a actividades productivas no remuneradas. Adicionalmente, únicamente el 28.6% de las mujeres productoras agropecuarias son propietaria de tierra. Frente a este contexto, las experiencias impulsadas por ONU Mujeres en El Salvador permiten reconocer a las mujeres rurales como agricultoras, productoras, innovadoras y lideresas territoriales.

Desde ONU Mujeres en El Salvador, el trabajo con mujeres rurales y agricultoras ha impulsado capacidades productivas, empresariales y organizativas; acceso a servicios financieros y mercados; liderazgo colectivo; prácticas sostenibles; y alianzas territoriales. El programa Mujeres, Economía Local y Territorios —MELYT—, implementado por ONU Mujeres con financiamiento del gobierno de Italia, ha sido una de las principales apuestas para fortalecer la autonomía económica de las mujeres rurales en la región Trifinio, a través de un modelo que combina inclusión financiera, cadenas de valor, digitalización, cuidados, prevención de la violencia y fortalecimiento de redes de mujeres. Junto a MELYT, otras iniciativas de la oficina de país también han contribuido a ampliar oportunidades económicas, culturales y territoriales para mujeres rurales, indígenas y lideresas comunitarias.

Esta conmemoración permite mirar el trabajo de ONU Mujeres en El Salvador desde una clave común: invertir en mujeres agricultoras y rurales es invertir en suelos vivos, economías locales más fuertes, territorios más resilientes y comunidades con mayores oportunidades.

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Mujeres agricultoras, suelos vivos y resiliencia climática

Las experiencias vinculadas a huertas, biofábricas y producción agroecológica muestran cómo las mujeres rurales están transformando la relación entre agricultura, alimentación y territorio. En zonas afectadas por la sequía, la degradación ambiental y la inseguridad alimentaria, sus prácticas contribuyen a recuperar suelos, diversificar cultivos, reducir la dependencia de insumos externos y fortalecer la resiliencia comunitaria frente al cambio climático.

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Cadenas de valor agrícolas: café y hortalizas

El trabajo en cadenas de valor agrícolas permite avanzar de la producción primaria hacia eslabones con mayor valor económico, técnico y comercial. En café y hortalizas, ONU Mujeres ha promovido procesos para que las mujeres agricultoras fortalezcan sus capacidades, mejoren la calidad de sus productos, participen en espacios técnicos y amplíen sus oportunidades de comercialización.

A través de MELYT, este acompañamiento se ha desarrollado mediante alianzas multiactor que articulan instituciones públicas —como el Instituto Salvadoreño del Café—, sector privado, academia, centros de formación, gobiernos locales y redes territoriales de mujeres. Estas alianzas conectan capacidades técnicas, organización de mujeres, cadenas productivas, acceso a mercados y espacios institucionales donde se toman decisiones sobre el desarrollo agrícola.


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De la producción al mercado: mujeres agricultoras con mayor valor económico

Para muchas mujeres agricultoras, el reto no termina en producir. También implica calcular costos, mejorar la presentación de sus productos, acceder a información de mercado, cumplir estándares, negociar y construir relaciones comerciales más estables. Por eso, el fortalecimiento empresarial cobra sentido cuando está vinculado a las cadenas agrícolas y a oportunidades reales de comercialización.

En la región Trifinio, ONU Mujeres ha impulsado espacios para que mujeres productoras rurales pasen de vender de manera limitada o informal a proyectar sus productos en mercados más amplios. Este enfoque conecta producción agrícola, autonomía económica y reconocimiento del trabajo de las mujeres en la economía local.


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Inclusión financiera para sembrar, producir e invertir

La autonomía económica de las mujeres rurales requiere acceso a recursos, pero también confianza, educación financiera y herramientas para decidir cómo ahorrar, invertir y sostener sus actividades productivas. En contextos rurales, los grupos de ahorro, las cajas comunitarias y los procesos de educación financiera pueden marcar la diferencia entre producir solo para subsistir o contar con capital para comprar insumos, mejorar una parcela, ampliar una huerta o fortalecer un pequeño negocio agrícola.

Desde la primera fase del programa MELYT, ONU Mujeres ha impulsado la inclusión financiera como una condición para que las mujeres agricultoras y rurales puedan participar con mayor seguridad en la economía local. La articulación con instituciones financieras, redes de mujeres, gobiernos locales y actores del ecosistema económico ha contribuido a acercar servicios, conocimientos y herramientas a territorios donde las mujeres suelen encontrar más barreras para acceder al financiamiento formal. Estos esfuerzos se fortalecieron con la incorporación de la iniciativa “Ecosistema Financiero Inclusivo” EFI, que trabajó de manera articulada con MELYT durante la segunda fase del programa, ampliando el alcance de las acciones y consolidando alianzas para promover la inclusión financiera de las mujeres.


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Liderazgo territorial y redes de mujeres

Las mujeres agricultoras no solo producen: también organizan, negocian, sostienen redes comunitarias y participan en la construcción de agendas territoriales. Cuando su liderazgo se fortalece, las prioridades de las mujeres rurales pueden llegar a espacios de decisión donde se definen políticas, inversiones, servicios y oportunidades económicas.

El trabajo con redes de mujeres, especialmente en la región Trifinio, ha permitido vincular autonomía económica, incidencia y desarrollo territorial. La Red HOSAGUA, la Comisión Trinacional del Plan Trifinio, las comunidades de práctica, los gobiernos locales y otros actores han sido claves para conectar las experiencias productivas de las mujeres con procesos más amplios de planificación, alianzas e incidencia.


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Territorios rurales, turismo sostenible, identidad y patrimonio

Las economías rurales no se sostienen únicamente desde la producción agrícola. También se fortalecen cuando las mujeres pueden generar ingresos a partir del turismo sostenible, el patrimonio cultural, la gastronomía, los conocimientos comunitarios y la identidad territorial. Estas oportunidades complementan los medios de vida rurales y amplían las posibilidades económicas de mujeres que históricamente han tenido menos acceso a formación, recursos y espacios de reconocimiento.

Estas experiencias,parte del programa MELYT y deiniciativas y alianzas de ONU Mujeres en El Salvador,muestran una visión territorial del empoderamiento económico: reconocer lo que las mujeres saben, producen, conservan y transmiten, y convertir ese valor en oportunidades concretas para sus comunidades.


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Cuidados, arraigo y condiciones para sostener la vida en los territorios

La participación económica de las mujeres rurales depende también del tiempo disponible, de la distribución del trabajo de cuidados, de la seguridad, de los servicios existentes en sus comunidades y de las condiciones que les permiten permanecer en sus territorios con oportunidades. Sin estas condiciones, producir, vender, capacitarse o liderar procesos comunitarios se vuelve más difícil.

Por eso, el trabajo de ONU Mujeres incorpora una mirada más amplia sobre la autonomía económica: sistemas de cuidado, prevención de la violencia, arraigo territorial, movilidad humana y entornos que permitan a las mujeres desarrollar sus proyectos de vida en sus comunidades. En el caso de MELYT, esta dimensión forma parte del modelo territorial, al vincular oportunidades económicas con bienestar, cuidados y redes de apoyo.


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