Rosario Ramos: del esfuerzo individual a una apuesta colectiva por el café en el Trifinio.
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En la región Trifinio de El Salvador, Rosario Elizabeth Ramos, productora de café, representa un proceso de cambio que va más allá de una historia individual. Su trayectoria refleja resultados del programa MELYT (Mujeres, Economía Local y Territorios), implementado por ONU Mujeres y financiado por el Gobierno de Italia, y muestra cómo el fortalecimiento de capacidades, la organización colectiva y la inclusión financiera pueden abrir nuevas oportunidades para las mujeres rurales.
Rosario inició su actividad productiva de manera individual, gestionando una parcela de café, un sector clave para el desarrollo local. Con el tiempo, fue fortaleciendo su trabajo a través de procesos de formación que le permitieron incorporar prácticas de agricultura de conservación, orientadas a mejorar la sostenibilidad de la producción y responder mejor a los impactos del cambio climático. Ese conocimiento fue también el primero que compartió con otras mujeres de su organización, creando una base para acciones colectivas posteriores.
Como muchas mujeres rurales, Rosario enfrentaba barreras estructurales: acceso limitado a financiamiento, dificultades para integrarse en mercados y una fuerte carga de cuidados, en su caso asociada al cuidado de su hijo con síndrome de Down. En este contexto, su participación en la Red Trinacional de Mujeres HOSAGUA, fortalecida por MELYT como actor estratégico del territorio, amplió su liderazgo y su capacidad de convocatoria. A partir de ese proceso, Rosario y otras mujeres impulsaron la creación de una cooperativa cafetalera liderada por mujeres, avanzando desde la producción individual hacia una estrategia colectiva para mejorar su posición en la cadena de valor del café.
Como parte de las acciones de MELYT para promover la inclusión financiera, y sobre la base de capacidades organizativas ya consolidadas, la cooperativa formó posteriormente un grupo de ahorro comunitario. La convergencia entre organización productiva e inclusión financiera fue determinante: mediante este grupo, la cooperativa pudo autoasignarse un préstamo para invertir en infraestructura productiva, un requisito para acceder a un programa de apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), orientado a mejorar el acceso a mercados, incluyendo el procesamiento de café mediante un beneficio compartido.
El fortalecimiento de la autonomía económica de Rosario, en el que MELYT tuvo un papel central, también contribuyó a enfrentar barreras vinculadas a los cuidados. La parcela de café que hizo posible su participación en la cooperativa está inscrita a nombre de su hijo, como una forma de resguardar su futuro. Aprendizajes de experiencias como esta también alimentaron la asistencia técnica de ONU Mujeres a la Política Nacional de Corresponsabilidad de los Cuidados, con el objetivo de mejorar las condiciones de mujeres en situaciones similares.
La experiencia de Rosario expresa un impacto colectivo: el resultado de articular fortalecimiento organizativo, redes de mujeres, inclusión financiera, inversión productiva e incidencia en políticas públicas. Es una muestra de cómo los procesos territoriales sostenidos pueden contribuir a un desarrollo local más inclusivo y sostenible.