En la región del Trifinio, el programa MELYT acompaña a mujeres emprendedoras que integran autonomía económica, bienestar, alianzas locales y protección del entorno natural.

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Cuidar el territorio también es construir futuro

En la región del Trifinio, el programa MELYT acompaña a mujeres emprendedoras que integran autonomía económica, bienestar, alianzas locales y protección del entorno natural.

Cuidar el ambiente desde los territorios

En el Día Mundial del Medio Ambiente, hablar de acción climática también implica mirar lo que ocurre en los territorios. Allí donde el cuidado del agua, la conservación del patrimonio natural y cultural, la generación de ingresos y el bienestar de las personas no son agendas separadas, sino parte de una misma forma de sostener la vida.

En el municipio deChalatenango Norte,  El Salvador, Sandra Elizabeth Alas Guidos impulsa el Centro de Bienestar y Alojamiento La Casa con Alas, un emprendimiento que combina alojamiento, salud preventiva, autocuidado, trabajo con mujeres y conexión con el entorno. Su experiencia muestra cómo el fortalecimiento de emprendimientos liderados por mujeres puede aportar no solo a la autonomía económica, sino también a comunidades más cuidadosas con las personas y con el ambiente.

Un emprendimiento que nace del cuidado

“Participar de la formación que MELYT ha impulsado desde el año anterior con el centro de desarrollo empresarial local ha significado un cambio en la forma de gestionar la empresa”, explica Sandra. Para ella, el proceso ha sido clave para ordenar su modelo de negocio, replantear objetivos, identificar mejor a las personas a quienes dirige sus servicios y fortalecer sus capacidades de gestión.

El programa MELYT, financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación Internacional de Italia (MAECI) a través de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS), promueve la autonomía económica de las mujeres en la región del Trifinio, donde acompaña procesos de formación, articulación territorial, fortalecimiento empresarial y creación de redes de apoyo.

En ese marco, La Casa con Alas se proyecta como un espacio donde el cuidado se entiende de manera amplia. No se trata únicamente de ofrecer alojamiento o servicios de bienestar, sino de crear condiciones para que más mujeres puedan hacer una pausa, atender su salud, reducir niveles de estrés y reconocerse como parte activa de su propio desarrollo.

“Está pensado para mujeres que están queriendo cuidarse, que quieren también disminuir los niveles de estrés, de inquietudes, a veces también problemas familiares que nos ocupan tiempo y preocupación”, señala Sandra.

Desde esa mirada, el emprendimiento trabaja con recursos como la respiración, la relajación, la gestión de emociones, la biodanza, el masaje y la meditación, con un enfoque preventivo de la salud.

El agua, la memoria y el patrimonio natural

Pero el cuidado no termina en el cuerpo ni en la experiencia individual. Para Sandra, estar en el Municipio de Chalatenango Norte implica también una responsabilidad con el territorio. La zona forma parte de un entorno con riqueza natural, cultural e histórica, denominada Región del Trifinio. Está conformada por 45 municipios fronterizos de El Salvador Guatemala y Honduras, ubicados en un entorno que comparte recursos naturales y hídricos, así como importante atractivos arqueloógicos y culturales. Desde allí, La Casa con Alas busca contribuir a la conservación del patrimonio local y a la protección del agua.

Sandra explica que La Casa con Alas está ubicada en la zona del Trifinio, en La Palma, un territorio que reconoce como reserva y patrimonio natural y cultural. Desde ahí, considera importante que las mujeres contribuyan a su conservación.

También destaca el compromiso con la conservación del agua en una zona vinculada al río Lempa y a iniciativas de protección de la cuenca.

Infraestructuras de cuidado frente a la fragmentación

Esta experiencia permite entender el cuidado ambiental más allá de una acción aislada. Cuidar el medio ambiente también implica fortalecer las capacidades de quienes viven en los territorios, apoyar economías locales que no rompan sus vínculos con la comunidad, promover empleos dignos y construir alianzas entre emprendimientos, instituciones, gobiernos locales y organizaciones sociales.

Desde esa perspectiva, los emprendimientos como La Casa con Alas funcionan como pequeñas infraestructuras de cuidado: espacios, redes y prácticas que ayudan a sostener la vida cotidiana frente a la incertidumbre, el estrés, la precariedad y los efectos de la crisis climática.

Frente a discursos que simplifican los problemas y fragmentan lo común, estas experiencias muestran otra forma de responder: con redes de apoyo, bienestar compartido, trabajo digno, memoria territorial y responsabilidad ambiental.

Alianzas locales, no competencia

Sandra lo expresa desde la práctica. La formación de MELYT no solo le ha permitido proyectar mejor sus servicios, sino también vincularse con otras mujeres emprendedoras.

“Algo fundamental también ha sido el encuentro entre mujeres que tenemos distintos negocios, distintas empresas, con diversas experiencias. Eso ha enriquecido mucho nuestro trabajo”, señala.

Esa lógica de alianza también se refleja en la relación con otros emprendimientos de la zona. La Casa con Alas trabaja con talleres de artesanías, restaurantes, productoras de café y otros negocios locales.

“Nos miramos desde ese lugar en alianza y no en competencia”, explica Sandra.

Además, el emprendimiento ha generado empleos temporales cuando recibe grupos para talleres o actividades, y busca ofrecer oportunidades laborales a mujeres del territorio.

Resultados que fortalecen economías locales

El trabajo de MELYT en el Trifinio confirma la importancia de este enfoque. De acuerdo con la infografía de impactos y resultados de la segunda fase de MELYT, el programa ha fortalecido las capacidades de 1 115 mujeres que lideran MIPYMES en la región del Trifinio, con apoyo en gestión empresarial.

Además, 375 mujeres empresarias han sido capacitadas y vinculadas a cadenas de valor prioritarias de café, hortalizas y turismo, contribuyendo a mejorar la participación y sostenibilidad de sus emprendimientos y a dinamizar la economía local.

La infografía también reporta 317 grupos de ahorro y préstamo comunitario y cajas rurales de ahorro y crédito creados o consolidados, así como 5 231 socias que han recibido educación financiera. En el plano organizativo, destaca el fortalecimiento de la Red HOSAGUA, que reúne 60 organizaciones de mujeres en 45 municipios del Trifinio, con alrededor de 4 000 integrantes.

Estos resultados permiten entender el fortalecimiento de emprendimientos como La Casa con Alas no como una acción aislada, sino como parte de una red territorial más amplia: mujeres que fortalecen sus negocios, acceden a herramientas financieras, se articulan con otras emprendedoras y participan en redes comunitarias capaces de sostener economías locales, bienestar y cuidado del entorno.

Cuidar el ambiente, cuidar la vida cotidiana

Invertir en la autonomía económica de las mujeres no es una acción separada de la sostenibilidad ambiental o del bienestar comunitario. Cuando una emprendedora fortalece su negocio, crea alianzas, genera empleo, promueve prácticas de cuidado y se compromete con la conservación de su entorno, también está contribuyendo a una forma de desarrollo más arraigada en el territorio.

En el Día Mundial del Medio Ambiente, la experiencia de Sandra nos recuerda que la acción climática necesita políticas, recursos e instituciones, pero también necesita experiencias locales capaces de demostrar que cuidar el ambiente, cuidar la salud, cuidar el agua y cuidar las relaciones comunitarias forman parte de una misma tarea.

En Chalatenango Norte, ese cuidado ya está tomando forma en manos de mujeres que emprenden, se organizan y construyen futuro desde el territorio.